jueves, 1 de octubre de 2020

Dijo Jesús

 

El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia.  Evangelio de Juan 10

Esto lleva a reflexionar, ¿Entendemos esta expresión del Señor?

¿Quién es el ladrón al que hace referencia? ¿Qué es lo que roba, mata y destruye este ladrón?

Las personas entramos a este mundo a través del nacimiento físico, por lo tanto tenemos vida física. Adquirimos conocimientos, desarrollamos capacidades y tratamos de ser alguien en este mundo. Queremos crecer construyendo un futuro personal, lograr un título, tener una profesión, también formar familia y seguir multiplicándonos y colaborando con la sociedad en la cual vivimos.

Pero no siempre se puede lograr, ¿por qué? Ahí toma relevancia la palabra dicha por Jesús. Alguien al que no vemos porque es un ser espiritual, no lo conocemos y que muchas veces no se quiere creer en su existencia, se mete en la vida de las personas y les roba la esperanza, mata los sueños y destruye su futuro, porque es maligno y es perverso. Esa es la tarea del diablo, el ladrón al que hace referencia el Señor.

¿Por qué lo hace? Porque odia a Dios y a la humanidad, y a todo lo bueno que representa a Dios, como ser la creación, las personas, la familia.

El ser humano no tiene fuerza en sí mismo, para luchar contra ese ladrón. Porque si bien nace físicamente vivo, no tiene vida espiritual, esa vida que proviene de una relación directa con Dios nuestro creador. Esto ninguna religión de las miles que existen pueden solucionar, porque no es un tema religioso, es un asunto espiritual de vida o muerte, que solamente una persona puede traer la solución.

Esa vida de la cual habla el Señor Jesús. ¿Dónde encontrarla?  ¿Cómo es? ¿Es para este tiempo? ¿Es para todos? Continuará…

lunes, 28 de septiembre de 2020

¡Despertar!

Es hermoso despertar, temprano por las mañanas,

Para dar gracias a Dios por la vida que Él nos da

Las aves con su trinar llenan de música el aire

Las flores con sus perfumes y sus colores radiantes

Es todo un precioso cuadro, las maravillas de Dios.

 

Al salir a caminar y conversar con personas

Vemos que somos distintos, diferente uno del otro

Distintas actividades, con gustos también distintos

Ninguno más importante, pero todos necesarios

Desarrollando talentos y construyendo relaciones.

 

Apreciar lo natural, es todo un aprendizaje

Hay que aprender a mirar, a escuchar y disfrutar

De las cosas más sencillas, de un paisaje natural,

Ver un árbol centenario junto al rio torrentoso,

La cumbre de una montaña, son placeres a los ojos.

 

La oscuridad al aire libre, ofrece también su encanto

Para descubrir lo bello, nos basta mirar el cielo,

Con sus brillantes estrellas, formando figuras varias

Que a humillarnos invitan, ante el Eterno Creador

Que creó tanta belleza porque a este mundo amó.

  PS

domingo, 27 de septiembre de 2020

¡Ricos!

 

Ante tanta incertidumbre social, laboral, política y económica, esto dice la Biblia.

Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna. 1Timoteo 6:12

La fe es un don de Dios precioso que tenemos todos los seres humanos, un capital inapreciable a nuestro alcance, el problema es que muchas veces se deposita en lugar equivocado, donde no reditúa ningún beneficio personal.

Sin embargo la fe nos fue dada para nuestro bien, para vivir por ella, es una herramienta fundamental para nuestro desarrollo como personas, para realizar nuestros sueños, para alcanzar nuestras metas, para lograr el propósito de nuestra vida presente y un futuro de esperanza. Para agradar a Dios nuestro creador y acercarnos a él, a fin de recoger todas las promesas que tiene preparada para cada persona en este mundo.

Las personas continuamente manifiestan tener fe, ser muy religiosas, pero sus vidas permanecen vacías de contenido espiritual que muchas veces terminan en un pozo depresivo, sin saber dónde ir o a quién acudir  ni en quien creer para salir de esa situación.

Se olvidan que es ahí, donde hay que pelear la buena batalla de la fe para mejorar la calidad de vida terrenal y alcanzar la vida eterna.

Pero ¿cómo, dirá usted? Poniendo la fe en el lugar correcto, o sea en Cristo, quien es el autor y consumador de la fe, porque, al que cree todo le es posible.

Pelear la buena batalla, significa dejar de confiar en aquella persona, religión u objeto que no ha podido satisfacer las necesidades espirituales o física cuando más lo necesitó, aun cuando por mucho tiempo confió en ello siguiendo la tradición familiar, y depositar su fe, en la única persona que dijo; No te he dicho que si crees, veras la gloria de Dios.

Y la gloria de Dios se ve cada día en la vida de las personas que han puesto su confianza en Cristo.

Dios se glorifica cuidando, consolando, proveyendo, sanando y satisfaciendo todas las necesidades humanas de los que confían en Él en medio de un contexto de corrupción, engaño, mentira, injusticia y pobreza que abruma el alma humana.

Si usted todavía no deposito su fe en Jesús, puede hacerlo ahora. No es necesario continuar en esa situación de angustia y soledad, hay esperanza cierta de mejora, no de parte del ser humano ni de la política, ni de los gobernantes, tampoco de la religión, sino de Dios que ama profundamente al ser humano sin distinción de raza, posición social o situación personal. ¡¡¡Comience a pelear usted también la buena batalla de la fe!!!

Por fe dígale a Jesús que lo necesita, que perdone sus errores y pecados, que entre a su vida que hay lugar para él en su corazón. Eche mano de la vida eterna.

Que tengan un feliz y bendecido comienzo de semana en familia fortaleciendo su fe.

Los abraza en Cristo P. Sosa

viernes, 25 de septiembre de 2020

¡Felices!

 

Dichosos los que van por caminos perfectos,     los que andan conforme a la ley del Señor.

 Dichosos los que guardan sus estatutos     y de todo corazón lo buscan.
Jamás hacen nada malo,
  sino que siguen los caminos de Dios. Salmo 119:1-3

Hay una frase bastante conocida que muchas personas la repiten, porque creen que es así, que es verdad. La misma dice; hay que portarse mal y hacer todo al revés, para que nos vaya bien. Esto contradice claramente con lo que enseñan las Sagradas Escrituras, en ella leemos que las personas que se esfuerzan en hacer bien las cosas, son consideradas dichosas, felices, bienaventuradas.  Es cierto que cuesta, que no es fácil hacer lo correcto porque nos rodea la injusticia, la envidia, los malos consejos, etc. Pero no hay que desanimarse, hay que esforzarse y tener en cuenta que siempre, siempre se cosecha lo que se siembra, por lo tanto, haciendo el mal o sembrando maldad nunca se cosechará el bien, es algo incoherente, querer cosechar naranjas, si se siembra limón.

Esto es lo real; Dichosos los que van por caminos perfectos,     los que andan conforme a la ley del Señor.  Dichosos los que guardan sus estatutos     y de todo corazón lo buscan.
Jamás hacen nada malo,
  sino que siguen los caminos de Dios.

Las personas continuamente buscan ser felices, y es en Dios y en su palabra donde se encuentra la receta para que eso sea posible, pero tristemente es donde menos se busca, porque se tiene un concepto equivocado, se confunde la vida cristiana con vida religiosa y no es lo mismo. La religión esclaviza con sus rituales y no logra que sean mejores personas, sino que compitan entre sí, en cambio, la vida cristiana hace libre a las personas de todo ritualismo y prácticas que no ayudan para nada, y le da las herramientas necesarias para una vida de plenitud, fundamentada en el amor al prójimo, la ayuda mutua, el respeto a los demás, la responsabilidad compartida y la obediencia a Dios, lo que hace que cada día la persona se supere a sí misma, sin competir con los demás. Es libre para hacer lo que debe hacer, sin estar condicionado, viviendo bien en su propio beneficio y el de su prójimo.

Que pasen un feliz y bendecido fin de semana en familia disfrutando ser libres.

Los abraza en Cristo. P. Sosa  

miércoles, 23 de septiembre de 2020

Para reflexionar

 

Ustedes son la sal de este mundo. Pero si la sal deja de estar salada, ¿cómo podrá recobrar su sabor? Ya no sirve para nada, así que se la tira a la calle y la gente la pisotea. Mateo 5:13

¿Cómo podemos ser sal? ¿Cuáles son las cualidades de la sal?

Es interesante pensar en la sal. Con ella se da el sabor a las comidas, y se utiliza para conservar carne en buen estado fuera de la heladera, evita la putrefacción en algunos alimentos. También se debe recordar que la sal en exceso, hace que los alimentos sean incomibles, y también trae sus complicaciones en la salud humana, pero, la falta de sal deja sin sabor. Así que, hay que ser muy equilibrados con el uso de la sal.

Ahora bien, pensemos en nuestras vidas, ¿Ponemos sabor al ambiente dónde estamos? ¿Ayudamos a que las vidas que nos rodean no se deterioren? ¿Buscan estar con nosotros?

A usted le habrá pasado que, le gusta estar con alguna persona en particular, que le hace bien escucharla, aunque a veces los encuentros sean ocasionales y con personas no muy conocidas.  Así también pasa con usted, aunque muchas veces no se da cuenta, habrá personas que le buscan porque les hace bien estar con usted, le gusta pasar tiempo al lado suyo, le gusta escuchar lo que usted dice, le gusta su comportamiento, le agrada su vida. ¿Sabe por qué? Porque usted estando en Cristo, sin proponerse le da sabor a la vida de esa persona, pone esperanza, le inyecta fe, despierta confianza. Y usted quizás no se dé cuenta, pero está siendo sal para la vida de esas personas. Por lo tanto continúe fortaleciendo su comunión con El Señor Jesucristo, y seguirá poniendo sabor a la vida donde quiera que esté. Donde hay un enfermo, traerá sanidad, donde hay desánimo, dará fortaleza, donde hay tristeza pondrá alegría y donde hay derrota, mostrará una vida victoriosa en Cristo.

Mientras usted sea sal en este mundo, nadie podrá pisotearla, aunque lo intenten, porque usted es necesario y útil en el lugar que Dios le puso, en su familia, en el trabajo, con los amigo, en el barrio y en todo ámbito donde usted se mueva. Que la presencia maravillosa del Espíritu de Dios, le enseñe, capacite y fortalezca para cumplir con este propósito divino.

Los abraza en Cristo. P. Sosa