lunes, 16 de septiembre de 2024

Comenzando la semana.

 La prosperidad que viene de Dios, comienza en el interior de la persona.

El anciano saluda al querido Gayo, a quien ama en verdad. Querido hermano, pido a Dios que, así como te va bien espiritualmente, te vaya bien en todo y tengas buena salud. Me alegré mucho cuando algunos hermanos vinieron y me contaron que te mantienes fiel a la verdad. No hay para mí mayor alegría que saber que mis hijos viven de acuerdo con la verdad. 3 Juan 1

Si hay algo que todo ser humano anhela, es ser prosperado, tener bienes, ser rico, por lo tanto busca de distintas manera lograr ese objetivo, lo cual muchas veces les lleva a errar el camino recto, atrayendo sobre su vida y su familia muchos inconvenientes y problemas. Ahora bien, ser rico, tener bienes, ser prosperado no está mal, no es pecado, son cosas necesarias para desarrollar la vida humana.

Debemos recordar que la biblia no está en contra de ser prosperado, tener bienes materiales  y una cuenta bancaria, al contrario, Dios quiere que seamos ricos, pero en el buen sentido de la palabra, porque ser rico no significa amontonar riquezas, una persona puede tener todas las riquezas materiales, pero eso no le garantiza que sea rico. Dios dice; Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Apocalipsis 3:17

La verdadera riqueza y la salud humana, comienza en el interior de la persona, en el espíritu, una persona rica, próspera, saludable, siempre será generosa, desinteresada, se manifiesta continuamente en lo cotidiano, aun cuando no cuente con grandes riquezas materiales, comparte con los que más necesitan, porque sabe que para un buen vivir, es Dios quien le provee por medio de su bendición. La bendición del Señor es riqueza
que no trae dolores consigo. Proverbios 10:22

Por último, es mi oración y ruego al Señor, que todos sean personas prósperas, tengan buena salud y les vaya bien en todo.

Los abraza en Cristo. P. Sosa.

miércoles, 11 de septiembre de 2024

La vida del cristiano afecta el medio ambiente para bien.

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Más el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Romano 8:18-27

¡La vida en Cristo es maravillosa! Pero no es una vida fácil, es una vida desafiante. Usted se preguntará, ¿Por qué el anhelo ardiente de toda la creación, es aguardar la manifestación de los hijos de Dios? Porque la manifestación de los hijos de Dios, incluye nuestra redención, con el arrebatamiento de la iglesia, y así Dios puede juzgar la maldad de los moradores de la tierra, a través de la gran tribulación que sufrirá la humanidad que no aceptó la obra de  Cristo en sus vidas. La creación toda recibirá redención al final de los tiempos, es la promesa de Dios. La biblia dice; Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, y también el mar. Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de la presencia de Dios. Estaba arreglada como una novia vestida para su prometido. Y oí una fuerte voz que venía del trono, y que decía: Aquí está el lugar donde Dios vive con los hombres. Vivirá con ellos, y ellos serán sus pueblos, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Secará todas las lágrimas de ellos, y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor; porque todo lo que antes existía ha dejado de existir. El que estaba sentado en el trono dijo: Yo hago nuevas todas las cosas. Y también dijo: Escribe, porque estas palabras son verdaderas y dignas de confianza. Apocalipsis 21

Los abraza en Cristo. P. Sosa.  

 

domingo, 8 de septiembre de 2024

Reflexión semanal.

La fe en Cristo del creyente, vence al sistema maligno de este mundo.

Todo el que tiene fe en que Jesús es el Mesías, es hijo de Dios; y el que ama a un padre, ama también a los hijos de ese padre. Cuando amamos a Dios y hacemos lo que él manda, sabemos que amamos también a los hijos de Dios. El amar a Dios consiste en obedecer sus mandamientos; y sus mandamientos no son una carga, porque todo el que es hijo de Dios vence al mundo. Y nuestra fe nos ha dado la victoria sobre el mundo. El que cree que Jesús es el Hijo de Dios, vence al mundo. 1 Juan 5:1-5

El sistema de este mundo, continuamente quiere arrastrar a la persona, a una vida de violencia, enemistades y engaños, también de egoísmo, de envidia, de celos, de corrupción, de quejas, de malestar, de desaliento, de ira, en fin de todo aquello que no permite disfrutar la vida con gozo y alegría, y muchas veces también el cristiano, cae en esa corriente sin darse cuenta y vive con amargura y tristeza.

Los creyentes en Cristo Jesús estamos desafiados a vivir en el mundo, pero sin ser parte de este mundo. ¿Por qué no debemos ser parte del mundo? ¿En que afectaría nuestra vida? Quizás se pregunte usted. Jesús dijo que, el mundo entero yace bajo el poder del maligno, o sea que toda persona sin Cristo, está bajo la influencia del sistema de este mundo, y ese sistema está infestado por el pecado, a través de la corrupción y la maldad. Por lo tanto si el cristiano quiere ser parte de este mundo, tiene que adoptar el sistema del mundo y eso va en contra de su fe, y en contra de lo que a Dios agrada, y en nada lo beneficia.

Toda persona que sigue a Cristo tiene la ayuda del Espíritu Santo en su vida, para amar a Dios, amar a los hermanos en la fe, y también poder amar a esa persona que le hace la vida imposible, sabiendo que esa persona se comporta equivocadamente, por la sencilla razón de no conocer a Dios y no tener a Cristo en su vida. Pero el creyente con una actitud comprensiva de amor, de misericordia, puede ser el instrumento que Dios utilice para salvar esa vida, sacándola de la influencia de los espíritus malignos que los atormentan. También el creyente en Cristo puede y debe contentarse con las cosas que Dios diariamente les provee, como ser la vida, la salud, la paz interior, el dominio propio, la sabiduría y la inteligencia, para saber cómo moverse dentro de este sistema sin ser afectado por el mismo. Tiene el poder para decidir obedecer las enseñanzas de Cristo para vivir una vida victoriosa, o dejarse arrastrar por el sistema contaminado del mundo y vivir en derrota.

Recuerden que Jesús dijo; Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo. Juan 16:33

Los abraza en Cristo. P. Sosa.

¡Vivir en el Espíritu es sumamente gratificante!

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Más ustedes no viven según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en ustedes. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en ustedes, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, más el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en ustedes, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en ustedes. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Romanos 8:1-17

La persona al nacer de nuevo en Cristo, ya no se somete a los caprichos de su vieja naturaleza, sino que ahora se deja guiar por el Espíritu de Dios que habita en su corazón. ¿Cómo sabemos que hemos nacido de nuevo? Quizás se pregunte usted, leemos que, El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

De esa manera la persona ya no anda conforme a su naturaleza, sino que sus pensamientos, sus palabras, sus acciones y su comportamiento es conforme al Espíritu de Cristo. Al vivir de esta forma, su vida agrada a Dios y no hay ninguna condenación para ella, porque su vida está revestida de Cristo, ya no se rinde ante sus deseos naturales, sino que satisface su necesidad espiritual en la palabra de Dios.

Los abraza en Cristo. P. Sosa. 

viernes, 6 de septiembre de 2024

Solamente en Cristo podemos vencer.

El engaño del pecado que mora en mí.

¿Vamos a decir por esto que la ley es pecado? ¡Claro que no! Sin embargo, de no ser por la ley, yo no hubiera sabido lo que es el pecado. Jamás habría sabido lo que es codiciar, si la ley no hubiera dicho: No codicies. Pero el pecado se aprovechó de esto, y valiéndose del propio mandamiento despertó en mí toda clase de malos deseos. Pues mientras no hay ley, el pecado es cosa muerta. Hubo un tiempo en que, sin la ley, yo tenía vida; pero cuando vino el mandamiento, cobró vida el pecado, y yo morí. Así resultó que aquel mandamiento que debía darme la vida, me llevó a la muerte, porque el pecado se aprovechó del mandamiento y me engañó, y con el mismo mandamiento me dio muerte. En resumen, la ley en sí misma es santa, y el mandamiento es santo, justo y bueno. Pero entonces, ¿esto que es bueno me llevó a la muerte? ¡Claro que no! Lo que pasa es que el pecado, para demostrar que verdaderamente es pecado, me causó la muerte valiéndose de lo bueno. Y así, por medio del mandamiento, quedó demostrado lo terriblemente malo que es el pecado. Sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy débil, vendido como esclavo al pecado. No entiendo el resultado de mis acciones, pues no hago lo que quiero, y en cambio aquello que odio es precisamente lo que hago. Pero si lo que hago es lo que no quiero hacer, reconozco con ello que la ley es buena. Así que ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está en mí. Porque yo sé que en mí, es decir, en mi naturaleza débil, no reside el bien; pues aunque tengo el deseo de hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo. No hago lo bueno que quiero hacer, sino lo malo que no quiero hacer. Ahora bien, si hago lo que no quiero hacer, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado que está en mí. Me doy cuenta de que, aun queriendo hacer el bien, solamente encuentro el mal a mi alcance. En mi interior me gusta la ley de Dios, pero veo en mí algo que se opone a mi capacidad de razonar: es la ley del pecado, que está en mí y que me tiene preso. ¡Desdichado de mí! ¿Quién me librará del poder de la muerte que está en mi cuerpo? Solamente Dios, a quien doy gracias por medio de nuestro Señor Jesucristo. En conclusión: yo entiendo que debo someterme a la ley de Dios, pero en mi debilidad estoy sometido a la ley del pecado. Romanos 7:7-25

Todo ser humano en este mundo está sujeto a su naturaleza humana. Y sabemos por la palabra de Dios, que nuestra naturaleza humana está contaminada por el pecado original. Eso hace que como persona estemos inclinados al mal, porque nuestra naturaleza misma nos incita hacia el mal, ya sea de hechos o pensamientos. Como personas nos resulta fácil pensar mal, actuar mal y comportarnos mal, aun cuando no queremos hacerlo. ¿Por qué? Se preguntará usted, por la sencilla razón que nacemos muertos espiritualmente, o sea separados de Dios, y en nuestra fuerza es imposible vencer ese deseo pecaminoso.

Por esta razón Jesús, el Hijo de Dios, vino a este mundo en forma humana, para vencer en la naturaleza humana, al pecado que asedia a toda la raza humana. Cristo, siendo sin pecado por nosotros se hizo pecado, para que nosotros seamos justificados ante Dios el Padre. Cristo, al morir por nosotros en la cruz, hace libre de pecados a todos aquellos que creen en Él, son justificados y reciben en su interior el poder del Espíritu Santo, para vencer las tentaciones de su vieja naturaleza, cuando le invita a pecar. Solamente en Cristo, hay poder para vencer el pecado, en nuestra fuerza nunca tendremos victoria espiritual completa, como la tenemos en Cristo.

Debemos saber esto, la ley de Dios nos muestra y nos hace ver el pecado, pero no nos libra de él, no puede salvarnos porque nosotros quebrantamos la Ley. Sin embargo, la fe y la confianza en Cristo, sí, nos libra de todo pecado y de toda condenación. Por eso, la salvación es por gracia, no por obras, para que nadie se jacte. Solo Dios merece la gloria.

Los abraza en Cristo. P. Sosa.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia.

El apóstol Pablo escribió esto para dejarnos su ejemplo de vida y compromiso.

Hermanos, quiero que sepan que las cosas que a mí me han pasado han venido en realidad a ayudar al anuncio del evangelio. Pues mi prisión ha servido para dar testimonio público de Cristo a la gente del palacio y a todos los demás. Y al ver que estoy preso, la mayoría de los hermanos se han animado a anunciar el mensaje, sin miedo y con más confianza en el Señor. Es verdad que algunos anuncian a Cristo por envidia y rivalidad, pero otros lo hacen con buena intención. Algunos anuncian a Cristo por amor, sabiendo que Dios me ha puesto aquí para defender el evangelio; pero otros lo hacen por interés personal, y no son sinceros, sino que quieren causarme más dificultades ahora que estoy preso. Pero ¿qué importa? De cualquier manera, con sinceridad o sin ella, anuncian a Cristo; y esto me causa alegría. Y todavía me alegraré más, pues yo sé que todo esto será para mi salvación, gracias a las oraciones de ustedes y a la ayuda que me da el Espíritu de Jesucristo. Pues espero firmemente que Dios no me dejará quedar mal, sino que, ahora como siempre, se mostrará públicamente en mí la grandeza de Cristo, tanto si sigo vivo como si muero. Porque para mí, seguir viviendo es Cristo, y morir, una ganancia. Y si al seguir viviendo en este cuerpo, mi trabajo puede producir tanto fruto, entonces no sé qué escoger. Me es difícil decidirme por una de las dos cosas: por un lado, quisiera morir para ir a estar con Cristo, pues eso sería mucho mejor para mí; pero, por otro lado, a causa de ustedes es más necesario que siga viviendo. Y como estoy convencido de esto, sé que me quedaré todavía con ustedes, para ayudarlos a seguir adelante y a tener más gozo en su fe. Así me tendrán otra vez entre ustedes, y haré que aumente su orgullo en Cristo Jesús. Solamente esto: procuren que su manera de vivir esté de acuerdo con el evangelio de Cristo. Así, lo mismo si voy a verlos que si no voy, quiero recibir noticias de que ustedes siguen firmes y muy unidos, luchando todos juntos por la fe del evangelio, sin dejarse asustar en nada por sus enemigos. Esto es una clara señal de que ellos van a la destrucción, y al mismo tiempo es señal de la salvación de ustedes. Y esto procede de Dios. Pues por causa de Cristo, ustedes no sólo tienen el privilegio de creer en él, sino también de sufrir por él. Ustedes y yo estamos en la misma lucha. Ya vieron antes cómo luché, y ahora tienen noticias de cómo sigo luchando. Filipenses 1:12-30

La vida en Cristo, es una vida victoriosa, no exenta de problemas y dificultades, pero siempre en victoria. Usted dirá, ¿Cómo en victoria, si se tiene que atravesar todo esto? ¿Dónde está el secreto? Quizás se pregunte. El apóstol Pablo responde esta pregunta en todo este pasaje, y queda registrado así nosotros también como discípulos de Cristo, podemos y debemos tener la misma actitud o pensamiento. Nada puede afectar anímicamente, a quien decide vivir permaneciendo en Cristo.

Continuamente aparecen predicadores del evangelio, es loable anunciar las buenas nuevas de salvación, pero lo triste es, que no todos lo hacen con la motivación correcta, eso produce confusión entre las personas que escuchan y los que anuncian el verdadero evangelio, porque terminan atacándose unos a otros, en lugar de anunciar la fe en Jesús. El apóstol Pablo a pesar de eso, se goza en el Señor, porque de todas maneras el evangelio es predicado, pero lo que muestra el verdadero evangelio, son las vidas cambiadas por el poder del evangelio, si no hay vidas cambiadas para bien, no es el evangelio de Cristo.

Los abraza en Cristo. P. Sosa.

domingo, 1 de septiembre de 2024

Meditando al comenzar un nuevo mes.

Carácter bíblico que la persona debe tener para liderar una congregación o grupo.

Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él. 2 Timoteo 2:24

Aunque usted no lo crea estos requisitos bíblicos están en vigencia, aunque hay que reconocer con mucha tristeza, que hay denominaciones y congregaciones que a la hora de escoger un líder para poner al frente de un grupo o congregación, no tienen en cuenta estos requisitos sino solamente las ganas, el deseos o disponibilidad de la persona.

Pastorear una congregación, liderar un grupo de estudios bíblicos, estar a cargo de un grupo de oración, es algo muy anhelado por muchos creyentes, y es loable querer hacerlo. Pero, hay que tener en cuenta que no es de cualquier manera, sino que la biblia establece las condiciones para llevar adelante esa tarea. Hay que recordar que, quien está liderando un grupo por más pequeño que sea, está trabajando con vidas salvadas por el Señor, por las cuales Cristo ha pagado un alto precio, aunque para la persona, la salvación es gratis. Muchas veces lo que interfiere o perjudica el buen entendimiento, crecimiento y madurez de los creyentes, son los intereses personales de los líderes, quienes no permiten ningún tipo de cuestionamiento o inquietud con respecto a la enseñanza, conducta o comportamiento personal o con el grupo al que dirige, se olvida que es humano y que puede estar cometiendo algún error. También es una equivocación escoger líderes basados solo en las capacidades intelectuales o académica de la persona, olvidando que la tarea a encomendar o realizar es espiritual. Por lo tanto, lo que debe resaltar en aquellos que quieran liderar, son los principios y valores morales, su vida en Cristo, el conocimiento de las Sagradas Escrituras, como así también la dependencia del Espíritu Santo en todo lo que hace y enseña.

La biblia recomienda; Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo. Santiago 3:1. Por eso es necesario que todo aquel que quiera liderar o enseñar a otros, tenga la certeza de que Dios lo ha llamado a esa tarea, y sin duda será capacitado por el Señor. Porque el líder cristiano no está para trasmitir conocimiento académico solamente sino también y principalmente debe trasmitir vida en Cristo.

Los abraza en Cristo. P. Sosa.