jueves, 16 de junio de 2022

¿Se pierde o no se pierde?

 

Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo; asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado. Filipenses 2:12-17

¡Qué tema este de la salvación! Muchos son los que se preguntan, ¿Se puede perder la Salvación? Usted, ¿Qué piensa? ¿Se pierde, o no?

 Hay cosas que damos por hecho y no le prestamos mayor atención. Por ejemplo; algunas personas creen que nunca van a perder su dentadura, por lo tanto no le dan la atención necesaria y el cuidado continuo. Sin embargo con el paso del tiempo se dan cuenta que la han perdido, y deben conformarse con ponerse una dentadura postiza.

 Así también puede pasar con la salvación que nos ha dado Cristo en la cruz del Calvario, si no nos ocupamos de ella cuidándola, pero la salvación no tiene sustituto.

 Para poder encontrar la respuesta que satisfaga, debemos buscarla en la palabra del autor de la salvación del hombre (Dios), y por medio de su Espíritu Santo recibir la respuesta correcta, confirmada en nuestros corazones.

La biblia nos enseña que para entender lo espiritual, debemos hacerlo por medio de las cosas materiales o físicas.

¿Qué haríamos si alguien nos entregara algo de mucho valor, como ser una corona de oro refinado con incrustaciones de diamantes, para ser presentada en una ocasión especial?

Sin dudar podemos decir que trataremos de cuidar lo mejor posible, para no perderla por algún descuido fortuito o involuntario. Permanentemente vigilaremos que esté en el lugar correcto, lejos de todo aquello que pueda dañarla o de alguien que pueda robarla.

 La biblia nos dice que: Sin santidad,  nadie verá al Señor. Hebreos 12:14

La santidad es un requisito indispensable en la vida de cada persona que ha sido salvada por Jesús. No hay que confundir santidad, con religiosidad.

La santidad en la persona, consiste en una vida que se aparta de todo aquello que Dios dice que no nos conviene practicar. Como ser; fornicación, adulterio, chismes, habladurías,  idolatría en todas sus formas, estafa, engaño, conductas perversas, maldad, envidia, no cumplir con las obligaciones y no pagar las cuentas. Estas son algunas de las cosas que no deben ser parte de nuestro diario vivir, porque no pertenecen al reino de los cielos. El caminar en  santidad,  muestra que somos salvos e hijos de Dios.

 En la biblia también leemos esto que Jesús dice; El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Apocalipsis 2:5-6

La persona salva, debe prestar especial atención a esto que terminamos de leer, el que venciere será vestido de vestiduras blancas. Usted tal vez se pregunte ¿vencer qué? vencer el deseo de ser o tener la conducta y actitud que tienen las personas que son del mundo, porque ellas practican todas esas cosas que a Dios no le agradan, porque están lejos de Dios. Ellos no pueden ni quieren agradar a Dios, porque todavía no han nacido de nuevo.

Sin embargo el creyente en Cristo, es un nacido de nuevo, es una nueva criatura, y está en condiciones de tener una vida limpia, transparente, porque Cristo vive en él. Viviendo así, Dios dice que; no borrará su nombre del Libro de la Vida.

Su salvación está asegurada; Esto dice la biblia; Bienaventurado el hombre que soporta la tentación, porque una vez que haya sido aprobado, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. Santiago 1:12

Si encontramos recomendaciones en la palabra de Dios, que se debe cuidar la salvación, quiere decir que si la descuidamos, podemos llevarnos una sorpresa al momento de dejar este mundo para ir al encuentro del Señor Jesús nuestro salvador.

 Pero también la biblia nos dice; No tengas ningún temor de las cosas que has de padecer. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida. Apocalipsis 2:10

Porque, para ser salvo debemos ser perseverantes en cuanto a lo que es la vida en Cristo, hay que permanecer en obediencia a la palabra de Dios hasta el fin. Aunque esa obediencia signifique padecer por amor al Señor que nos salvó. Recordar que el amor es sufrido. Pero vale la pena sufrir por causa del Señor y no por ser una mala persona.

Por último, si se pierde o no la salvación, no es un problema que angustie a las personas que permanecemos en obediencia a Cristo, ya que la biblia dice; Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no viven conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Romanos 8:1. Que el Santo Espíritu de Dios confirme en el corazón de cada persona, si está viviendo conforme a su naturaleza humana, o conforme al Espíritu.

Los abraza en Cristo. P. Sosa.

domingo, 12 de junio de 2022

Lo importante de la identidad.

 

Sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.

Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies?
Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos. Porque sabía quién le iba a entregar; por eso dijo: No estáis limpios todos. Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. Juan 13:1-17

Este es un hermoso relato de lo acontecido la noche en que el Señor Jesús fue entregado, es muy rico y nos deja una maravillosa enseñanza sobre lo que significa la identidad y el servicio en el reino de Dios.

Las enseñanzas bíblicas hay que recordar que algunas son literales y otras son simbólicas. Este ejemplo del lavamiento de los pies por parte de Jesús, sin duda que es más simbólica que literal.

Ahora bien ¿Cuál es la enseñanza que nos deja?

Si se lee detenidamente en el mismo pasaje está la respuesta. Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos.

Parafraseando esta respuesta es; ustedes ya están santificados, (limpios) pero viven en este mundo y hay cosas del mundo que les contamina, (ensucian los pies) por lo tanto deben ayudarse unos a otros a vivir en  santidad, (lavarse los pies). Hay cosas que en el andar diario se nos pegan, así como el polvo se pega a los pies, aun cuando se utilice calzado, y es necesario quitarse ese polvo.

En esto consiste el servirnos unos a otros, con una actitud de amor y misericordia, ayudar a ver las conductas o actitudes que no pertenecen al reino de los cielos, las cuales hay que quitarse, lavarnos los pies unos a otros, teniendo clara nuestra identidad en Cristo.

Los abraza en Cristo. P. Sosa

miércoles, 8 de junio de 2022

¿Por qué andar tristes?

 

¿Es malo divertirse, ser felices?

El desconocimiento que hay de Dios y su palabra en nuestra sociedad, hace creer que tener comunión y relacionarse con Dios es aburrido, que no hay alegría, que divertirse es malo.

Nada más lejos de la verdad, quizás la religión o la religiosidad sean monótonas que se vuelven aburridas, porque tiene muchos reglamentos humanos que hacen que sea así.

Sin embargo la relación con Dios es una hermosa aventura de vida, el gozo de su presencia es maravilloso, y con distintas situaciones diarias que invitan a que sean resueltas sin quitarnos la alegría de vivir.

Debemos saber, si hay algo que Dios desea realmente para el ser humano es que ¡Sea feliz! Que viva con alegría, con gozo, a pesar de las circunstancias que le toque atravesar, ya que en eso consiste la vida, en momentos buenos y maravillosos, pero también de momentos que no parecen tan buenos, pero hay que superarlos.

En las Sagradas Escrituras encontramos permanentemente el mandato de Dios a que vivamos con alegría: ¡Alégrense de veras los que buscan al Señor Dios!
¡Refúgiense en el Señor y en su fuerza,  busquen siempre su presencia!

1Crónicas 16:11

Alégrense los que buscan su protección; canten siempre de alegría porque tú los proteges. Los que te aman, se alegran por causa tuya,  pues tú, Señor, bendices al que es fiel; tu bondad lo rodea como un escudo. Salmo 5:11-12

No se preocupen por nada. Más bien, oren y pídanle a Dios todo lo que necesiten, y sean agradecidos.  Así Dios les dará su paz, esa paz que la gente de este mundo no alcanza a comprender, pero que protege el corazón y el entendimiento de los que ya son de Cristo. Filipenses 4

Las personas felices son aquellas que buscaron y encontraron el reino de Dios y su justicia, y tomaron la decisión de vivir en él.

Viviendo una vida sencilla, tratando de hacer el bien cada momento, sin importar a quien sea, sino que disfruta en compadecerse y ayudar al prójimo.

El amor del Señor envuelve a los que en él confían.  Alégrense en el Señor, hombres buenos y honrados; ¡alégrense y griten de alegría! Salmo 32:10-11

El Señor nos ayude por medio de su Santo Espíritu a recuperar la alegría de la vida, a tener siempre el gozo de su presencia.

Los abraza en Cristo. P. Sosa

sábado, 4 de junio de 2022

¡Paz dulce paz!

 

 En este mundo violento y destructivo, mucho se habla de paz, algo tan necesario para la convivencia humana, en todos los niveles de la sociedad y que abarca a todo el mundo.

Por la paz se pide, se busca, se lucha, se hacen tratados, pero nada de esto logra el propósito deseado. Ahora esto requiere algunas preguntas ¿Conocemos realmente lo que es la paz? ¿Sabemos dónde encontrar? ¿Por qué es tan frágil? ¿Cómo poder conservar esa paz?

 Jesús el Hijo de Dios hecho hombre dijo; La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. Juan 14:27

Evidentemente hay dos clases de paz, una que viene del mundo y otra que viene de Jesús. Ahora bien, ¿Cómo se puede conseguir la paz que viene de Cristo?

Este mundo ofrece paz que todos anhelamos y queremos tener, pero es muy complicada obtener. Para lograr esa paz, se hacen armas cada vez más destructivas, hay que luchar y someter al otro para lograr la tan ansiada paz, pero en lugar de paz, se obtiene mayor incertidumbre.

 Esto nos debe llevar a preguntarnos ¿Cómo es la paz que Cristo ofrece? ¿Cómo se obtiene?

Jesús nos da la respuesta por medio de su palabra escrita, pero debemos leer y meditar en lo que leemos, y así poder encontrar en qué está fundamentada esa paz.

Jesús hablando a sus seguidores les dice; Estas cosas les he hablado para que en mí tengan  paz. En el mundo tendrán  aflicción; pero confíen, yo he vencido al mundo.

Juan 16:33

Esto no nos deja dudas, la paz que Cristo ofrece se encuentra en su persona. Teniendo a Cristo en nuestra vida como salvador y Señor nuestro, la paz permanece en nuestros corazones, aun en medio de las peores dificultades. Porque Cristo es nuestra paz.

Recordando que aunque estamos en el mundo, no somos del mundo. Somos ciudadanos del reino de Dios, y por lo tanto, estamos escondidos con Cristo en Dios.

La paz que el mundo ofrece produce esclavitud y desazón. La paz que está en Cristo produce libertad y esperanza.

¡Maravillosa verdad! Esto hace que en nuestras vidas, haya paz en medio de las tormentas.

Los abraza en Cristo. P. Sosa.