martes, 28 de agosto de 2018

¿A qué reino pertenezco?




Cuando veo el cielo que tú mismo hiciste,
y la luna y las estrellas que pusiste en él, pienso:
¿Qué es el hombre?
¿Qué es el ser humano?
¿Por qué lo recuerdas y te preocupas por él?
Pues lo hiciste casi como un dios,
lo rodeaste de honor y dignidad,
le diste autoridad sobre tus obras,
lo pusiste por encima de todo:

Es interesante poder reflexionar sobre temas que hacen a nuestra identidad, pues por causa de no pensar en esto muchas veces nos vemos afectados en nuestra autoestima, ya que generalmente no tenemos en claro quiénes somos, ni adonde pertenecemos y eso produce a veces comportamiento y actitudes confusas y perjudiciales.
Hemos aprendido que para el estudio y una mejor comprensión del origen y comportamiento de los mismos, los minerales agrupamos en el Reino Mineral, los vegetales los juntamos en el Reino Vegetal y los animales los ubicamos en el Reino Animal. Y allí surge la pregunta que tal vez nunca nos hicimos, pero que es muy importante hacernos, los seres humanos ¿A qué reino pertenecemos? Pues personalmente no me siento identificado con ninguno de estos tres reinos mencionados y creo que usted tampoco.
Aunque por mucho tiempo nos hicieron creer y nos enseñaron que pertenecemos al reino animal, (pero me resisto a aceptar esa enseñanza y afirmación) Considero que por aceptar tal enseñanza, nuestra sociedad se va deteriorando vertiginosamente. Además en nombre de la civilización se ha destruido y exterminados a pueblos originarios, y a los que existen no se les atiende debidamente, ya que no se les consideró ni se los considera seres humanos útiles a la sociedad, sino que se les trató y se los trata como salvajes o animales que impedían e impiden el desarrollo y crecimiento de la misma.
Buscando información sobre nuestro origen fui a la Carta Magna de la creación y descubro que, no somos animales evolucionados, aunque a veces nos comportemos como tales. Somos criaturas de un Dios Eterno y Creador que puso en nosotros su imagen y semejanza, que nos dio el Libre Albedrío y además la capacidad de razonar, de pensar, de elegir, de escoger, de aceptar o rechazar, de amar u odiar, de hacer bien o hacer mal, de ser necios o sabios, de obedecer o desobedecer, de construir o destruir. Somos una raza superior a la de los animales. Somos seres pensantes. Génesis 1 y 2
Con todo este equipamiento que nos hace diferente al resto de la creación, necesariamente debemos pertenecer a otro reino, que tal vez no ha sido estudiado, descubierto o aceptado. De acuerdo a lo que leemos en La Biblia de nuestro origen y el propósito de nuestra existencia, sin dudar podemos afirmar que el reino al cual pertenecemos los seres humanos es el Reino de Dios, aunque debemos reconocer que nos hemos alejado y extraviado de él.
Pero también sabemos que podemos y debemos regresar al mismo, para de esa manera recuperar nuestra verdadera identidad. Y junto con ella volver a tener los principios y valores que El Creador nos entregó como tesoros que hermosean nuestra existencia, y además nos ayudan a relacionarnos entre nosotros, permitiendo una convivencia sana fundamentada en el respeto, las obligaciones y el derecho de cada uno. Y así poder construir si queremos una sociedad más justa, sin tanta violencia, marcando claramente la brecha que existe entre los seres humanos y los animales o bestias.
Si creemos esto podemos estar seguro que al final de los tiempos, escucharemos esto que dice Jesús en Mateo 25:34 Entonces el Rey dirá a los de su derecha; Venid, benditos de mi padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

viernes, 17 de agosto de 2018

Cristianismo y religión




Aunque muchas veces se crea que cristianismo y religión es lo mismo, quiero decirles, que no es así.
La religión se caracteriza por el cumplimiento de rituales, que no necesariamente implique transformación de vida. Con hacer cosas que les hace sentir bien, es suficiente. Dicen, ser buenos con otros, mostrarse humilde, ayudar al necesitado con dádivas, dar sus limosnas, concurrir a los servicios religiosos y practicar la confesión como una forma de ser piadoso, con estas cosas ya está, no hay que fanatizarse. Todo esto está bien, pero falta algo más.
La práctica de la religión, satisface a la consciencia, da la falsa seguridad de haber hecho algo bueno, y que ya no hay que preocuparse por lo espiritual, pues Dios tiene que darnos lo que queremos, porque ya hemos hecho nuestra parte, ahora debo ocuparme de mis asuntos.
Además, la condición espiritual actual y las expectativas con respecto a la eternidad, no cuenta, de todos modos, alguien se encargara de eso después que la persona muera.

¿Será esto así? Dios está obligado a dar todo lo que el ser humano quiere, porque son buenos. O ¿exige algo más de las personas?

El cristianismo en cambio es diferente, porque el mismo no tiene que ver con el cumplimiento de  rituales, tampoco con hacer promesas o sacrificios, sino que tiene que ver con identificarse con una persona en particular. La vida cristiana se caracteriza por las demandas de Jesús, el Cristo.
Él establece las condiciones, para que las personas que quieran ser sus seguidores, puedan hacerlo.

En cierta oportunidad iban por el camino, alguien le dijo a Jesús: Te seguiré a cualquier sitio que vayas.  
Jesús le contestó: Las zorras tienen sus cuevas, y las aves tienen nidos, pero yo, el Hijo del hombre, no tengo ni siquiera un sitio donde descansar.
Después Jesús le dijo a otro: ¡Sígueme!
Pero él respondió: Señor, primero déjame ir a enterrar a mi padre.
Jesús le dijo: Lo importante es que tú vayas ahora mismo a anunciar las buenas noticias del reino de Dios. ¡Deja que los muertos entierren a sus muertos!
Luego vino otra persona y le dijo a Jesús: Señor, quiero seguirte, pero primero déjame ir a despedirme de mi familia.
Jesús le dijo: No se puede pertenecer al reino de Dios y hacer lo mismo que hace un mal campesino. Al que se pone a arar el terreno y vuelve la vista atrás, los surcos le salen torcidos. Lucas 9:57-62

Ser cristiano implica pertenecer al reino de Dios y obedecer sus leyes. Tener temor reverente de Dios y amarle con todo el ser. No tiene que ver con una religiosidad, sino con principios de vida establecidas por nuestro Señor Jesucristo.
A través de su palabra nos enseña los “secretos” para tener una vida plena y abundante, la que él vino a traer. Aceptando esas demandas escritas en Las Sagradas Escrituras, viviendo de acuerdo a lo que nos pide, tenemos derecho a llamarnos cristianos.

Esto registra el evangelio de Mateo 16:24; Luego Jesús les dijo a sus discípulos:
Si ustedes quieren ser mis discípulos, tienen que olvidarse de hacer su propia voluntad. Tienen que estar dispuestos a cargar su cruz y a hacer lo que yo les diga. Si sólo les preocupa salvar su vida, la van a perder. Pero si deciden dar su vida por mi causa, entonces se salvarán.
Esto es cristianismo bíblico, la voluntad humana sujeta a la voluntad de Dios. Hacer lo que Dios quiere y no lo que nosotros queremos. Vivir de acuerdo a las leyes del reino de Dios.
Además se debe recordar que para entrar al reino de Dios es necesario nacer de nuevo, sin ese requisito la persona puede ser admirador de Cristo, pero nunca un cristiano comprometido, porque está fuera del reino de Cristo.
El hecho de pertenecer a una determinada religión, o haber estudiado en un determinado seminario, no me hace cristiano. Ni siquiera el hecho de haber nacido en una familia cristiana, es sinónimo de ser cristiano. Solo existe una forma o un camino para llegar a serlo.
Jesús lo dijo; Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, nadie viene al padre si no es por mí. Yo soy la puerta, el que por mí entrare, será salvo.
Cada persona en particular sabe si es cristiano. Cada persona sabe si aceptó las demandas de Cristo. Cada persona sabe si obedece o no, a quien dice seguir.
Por último.  Ser cristiano no es por lo que hago, sino por lo que soy. No es por lo que se, sino por lo que creo.

Bendiciones. Pastor Sosa  


Honradez


miércoles, 15 de agosto de 2018

Medicina para un mundo enfermo.





El ser humano está enfermo, está contaminado por el pecado, y las consecuencias son; odio, resentimientos, injusticia, violencia, avaricia, soberbia, ingratitud, vanagloria, blasfemias, corrupción, perversión, impiedad, etc.

Enfermedades físicas, pero también emocionales y espirituales. Eso va afectando lentamente la vida humana y sus relaciones, pero también la naturaleza toda y nos vuelve vulnerables a todo lo que ocurre a nuestro alrededor.

Nuestro mundo está enfermo, nuestro hábitat natural también está enfermo, gravemente enfermo.
El pecado trae enfermedad y muerte, afectando no solo al ser humano, sino a todo su entorno
Eso hace que las personas se enfermen.  Hay mucha contaminación en todo el planeta, eso tiene sus consecuencias en el  ser humano.

Las estadísticas nos muestran esta triste realidad humana.
Hoy en el mundo entero se venden toneladas de medicamentos y en muchos casos son insuficientes, para resolver el problema de la salud humana, la cual continúa deteriorándose.
Están surgiendo enfermedades que aparentemente habían sido erradicadas, y están apareciendo otras nuevas, para las cuales no se conocen medicina capaz de curarlas.

Ahora la pregunta es; ¿Por qué ocurre esto? ¿Cuál es el problema?

Para poder dar un diagnostico perfecto, debemos consultar con el que sabe y conoce el origen del problema de la humanidad, y el único que tiene la medicina correcta para restaurar la salubridad en el mundo.

El problema del ser humano no es lo que vemos, lo que se ve son las consecuencias del verdadero problema.

El problema del ser humano es, haberse desentendido de Dios, eso trae incertidumbre,  soledad, angustia, confusión, violencia, conducta depravada, deseo de venganza, odio,  resentimiento, intolerancia, desprecio por la vida propia y la de los demás.

Dice La Biblia que el hombre está sin esperanza y sin Dios en este mundo. Efesios 2:12

Cuando no hay esperanza, no hay nada, se está vacío, se vive el momento y el presente únicamente, no existe el futuro en el pensamiento de tal persona.
Y si no hay futuro, el presente es lo único que importa, por lo tanto su idea es hacer todo lo que quiere hoy, no importa a quien afecte o dañe, total mañana sencillamente cree, que no estará.
Además al no tener a Dios en su pensamiento ni en sus planes, lo libera de cualquier límite que se lo quisiera imponer.
Porque según su pensamiento, nadie podrá pedirle cuenta de sus acciones, tampoco habrá alguien que lo condene por su conducta.

Para él, todo termina en la tumba, no existe vida después de la muerte, por lo tanto según su pensamiento equivocado es únicamente aquí y ahora que se sufren las consecuencias de los actos realizados.
Es el pensamiento de muchas personas, que el cielo y el infierno están aquí en la tierra en el presente que se vive.
Sin embargo leemos en Las Sagradas Escrituras lo siguiente; Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.
Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda obra encubierta, sea buena o sea mala. Eclesiastés 12:13-14

Por todo esto, la medicina tradicional y la ciencia, no pueden solucionar el problema humano. 
Por el desconocimiento que hay de Dios y su palabra en el mundo, tratan de solucionar las consecuencias y no el problema que produce estas consecuencias.
Todo lo que el hombre haga para que el mundo cambie, siempre es solamente un paliativo, un calmante, no el remedio que necesita.

Entonces ¿Qué hacer? ¿Cómo lograr el cambio? ¿Cómo sanar esta sociedad?

La Biblia dice esto; Convertíos, hijos rebeldes, y sanaré vuestras rebeliones. Jeremías 3: 22
Este es el primer paso para ser sanado el ser humano.
Convertirse o sea volverse a Dios, reconocerlo en su diario vivir, viviendo de la manera que Dios quiere que se viva.

¿Cómo saber lo que Dios quiere para mí?

Dirá usted, la respuesta es; escuchando y leyendo la palabra de Dios, que es La Biblia.

Si, ya sé, usted se está preguntando, ¿me tengo que volver religioso?

Quédese tranquilo, la respuesta es no.

Las religiones tampoco son la respuesta al problema humano, al contrario muchas veces, yo diría en gran parte, contribuyen a los problemas que afectan a la humanidad, provocando enemistades, enfrentamientos y luchas de poderes.
La respuesta al problema humano, se encuentra en una persona, un Hombre que vino este a mundo hace más de dos mil años.

El religioso cumple con los rituales que están en La Biblia. El cristiano vive de acuerdo a las enseñanzas que están en La Biblia.

Por eso es importante escuchar y creer lo que La Biblia dice.
A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.
Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio derecho de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Juan 1:11-13

Aceptar que los mandamientos de Dios, son principios de vida, que Dios quiere que lo incorporemos para nuestro bien, enseñanzas que nos ayudan a enfrentar las distintas dificultades, que encontraremos a lo largo de nuestra existencia en este mundo.

Leemos; Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñarme, para redargüirme, para corregirme, para instruirme en justicia, a fin de que cómo persona creada por Dios, viva una vida plena de bienestar en armonía con mis semejantes. 2 Timoteo 3: 16

También es necesario hacer las paces con el creador del universo, y por lo tanto Dueño de todo lo que hay en él, incluyéndonos a nosotros los humanos.

Él nos enseña que hacer y cómo hacer, para que esto vaya cambiando.
Leemos en su palabra lo siguiente; si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonare sus pecados, y sanare su tierra.
 2 Crónicas 7:14

Por lo tanto, la contaminación ambiental, la corrupción, la injusticia, la ambición desmedida, la inseguridad, la depravación moral y todo lo que eso encierra, solo tiene solución en Cristo y su Obra Redentora en la Cruz del Calvario.

Pero para eso, hay que reconocer que el ser humano es incapaz de solucionar sus propios problemas y el de los demás.

No importa las buenas intenciones que tenga,  la cantidad de fiscales o jueces que nombre, o que multiplique y endurezca las leyes, que aumenten las cárceles en el país; nada de eso va a funcionar, si no se permite a Dios que se inmiscuya en nuestros asuntos.

La Biblia nos cuenta que Dios quiere bendecir a toda la humanidad. El mostro su buena voluntad, al mandar a su Hijo Unigénito a este mundo.
Porque para ustedes es la promesa, y para sus hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.
Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sean salvos de esta perversa generación. Hechos 2:39-40

¿Por qué no ocurre? ¿Qué es lo que impide? ¿Por qué el mundo se sigue deteriorando?

Escuchemos la respuesta de Jesús: Y esta es la condenación;  que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.
Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios. Juan 3:19-21